jueves 5 de enero de 2012

Feminidad asfixiada

Zulma Reyo, pedagoga de la feminidad

"La peor enemiga de una mujer es otra mujer"


LA VANGUARDIA LA CONTRA 25/11/2011


Foto: Laura Guerrero

VÍCTOR - M. AMELA

"La mujer interior"

Tengo 68 años. Nací en Nueva York y vivo en Palma. Soy filóloga y educadora, y me dedico a fomentar la feminidad, la mujer interior.Estoy divorciada y tengo un hijo, Max (42). ¿Política? ¡Ética! ¿Creencias? Jesús como maestro.Pobres hombres: os exigís tanto.

Le adivino una vida intensa y movidita, un infatigable viaje hacia sí misma. Ha vivido en Brasil, India y otros dispares lugares, y se dedica desde hace años a guiar a mujeres más allá de su máscara social, hacia la esencia de lo femenino: las ayuda a expresar a su mujer interior (zulma@zulmareyo.com), hoy asfixiada por la hegemonía de valores masculinos. Lo explica en su libro La mujer interior(Luciérnaga), que atiende a la feminidad honda y genuina, que Zulma Reyo desvincula del feminismo. No sé si he acabado de entender este galimatías, pero ella me tranquiliza: mujeres y hombres somos tan distintos que quizá no podamos comunicarnos más que de un solo modo: en el amor.

Qué es la mujer interior?
La encarnación de los principios de la feminidad. Las mujeres la llevamos dentro, pero solemos amordazarla.

¿Por qué hacen eso?
Porque hemos creído que debíamos emular los valores de la masculinidad: la agresividad, la jerarquía, la competitividad... Así es la mujer exterior actual.

¿La mujer interior no es competitiva?
La mujer interior es cooperativa, solidaria. ¡Deberíamos aprender a desplegarla!

Mientras, ¿qué hace la mujer exterior?
Ser enemiga de la mujer. El peor enemigo de una mujer es otra mujer.

¿En qué sentido?
¡Ay, si pudieras leer las mentes de un grupo de mujeres reunidas! ¡Te asustarías! "Vaya peinado se ha hecho esta". "Qué horror de vestido". "Está gorda, o flaca, o fea, o demasiado maquillada, o demasiado poco...".

¿Sí?
Las mujeres ven como rivales a las demás mujeres, son celosas, competitivas, se zancadillean. ¡Valores copiados del hombre! Y esto tiene que cambiar, va a cambiar, ¡lo noto!

¿Y qué pasará entonces?
Se abrirá paso la mujer interior, la esencia femenina, su modo de percibir el mundo.

¿Cómo ve el mundo lo femenino?
Somos receptáculo, cáliz, vaso, somos hueco, un vacío: absorbemos el entorno de modo transverbal, recibimos todo, abrazamos los opuestos, lo procesamos y captamos todo. ¡Las mujeres somos brujas!

No malinterpretaré esto último.
El modo femenino de percibir el mundo es redondo. "Complicado", dirá el hombre...

¿Hombre y mujer ven el mundo de modo tan diferente?
¡Somos diferentes! Este mundo en que vivimos es sobre todo obra de lo masculino, creación masculina. Le falta feminidad.

¿Y en qué consiste lo masculino?
En hacer un mecano, en construir el puzle del mundo. En medirlo todo cuantitativamente, con dinero... Ve a la mujer como propiedad, posesión explotable, objeto sexual...

Discúlpeme, no siempre es así...
Del mismo modo digo que muchas mujeres utilizan su sexo... para conseguir cosas. La mujer no ha aceptado su vacío como un modo de estar, lo siente como carencia, e intenta llenarlo con cosas, con entregas, regalos: "¡Dime que me quieres!", reclama ella.

¿Es un error?
Sí. Una mujer sola se siente fracasada, desgraciada. "No soy nada", cree. Y son otras mujeres las más criticonas con ella. ¡Basta!

Ya: la mujer completa tiene a su maridito, sus hijos, su piso, sus cosas...
Y su hombre-felpudo, al que manipula. ¡Pobrecitos hombres! Tengo que compadecerlos: se topan con mujeres que usan el sexo para sentirse queridas. Y que, claro, nunca nunca se sentirán lo bastante queridas...

¿Por qué no?
Porque es imposible: nunca un hombre será capaz de satisfacer en una mujer esa insaciable necesidad de correspondencia.

¡Es bueno saberlo!
La mujer interior, en cambio, se sabe madre de toda la creación, mira a todos como hijos... y no necesita más.

¿Cómo restaurar a la mujer interior?
Mediante grupos de mujeres que dejen de rivalizar y practiquen el apoyo mutuo.

¿Y qué hay de la vida sexual?
Que aprenda a vivirla con conciencia, no como medio de conseguir cosas, llenar vacíos, encubrir razones ocultas, ¡o se hará daño!

Y la sexualidad del hombre, ¿qué?
El hombre crece obseso con sus genitales, hace de su genitalidad una identidad. Pobrecitos, os compadezco: ¡os exigís tanto!

Ya.
Ahora culmina un ciclo histórico masculino y se abre otro más femenino. La mujer debe entender su vacío como apertura para acogerlo todo, ¡incluido al hombre! Ella genera el espacio. Y el hombre debe honrarlo. Pero ahí el hombre debe estar atento a algo...

¿A qué?
A honrar a la mujer ¡sin reblandecerse por ello más de la cuenta! A la mujer, a la esencia femenina, le atrae el hombre resuelto, líder. ¡No nos gusta el hombre blandengue!

A ver, aclarémoslo: ¿la mujer quiere un hombre respetuoso, dominador o qué?
Un hombre masculino y sexual, pero sin que la use ni le mande. No guerra de sexos: ¡respeto a las polaridades! Que ella acoja, que él haga, y que ninguno aplaste al otro.

Ya veo: un lío.
Al hombre le cuesta concebir el vacío de la mujer. Y la mujer no debe querer ser máquina masculina. Total: que la mujer deje de manipular, que el hombre deje de explotar.

Si pudiese ser hombre, ¿cómo sería?
¡Siempre he estado encantada de ser mujer! Es que ser hombre es duro...

Yo, hombre, ¿tengo mujer interior?
No, no. Porque ni la suavidad es específicamente femenina, ni la fuerza es específicamente masculina.

¿Qué no debería decirle jamás un hombre a una mujer?
"No entiendes, no sabes qué dices, no digas tontadas, no tiene sentido".

¿Qué no debería decirle jamás una mujer a un hombre?
"Algo te pasa, cuéntame cómo te sientes".

¿Cómo pueden llegar a entenderse un hombre y una mujer?
¡Es imposible! Pero... hay que intentarlo. Puede conseguirse en el amor, cuando un hombre y una mujer se funden, son unidad.

martes 29 de noviembre de 2011

Ideales femeninos de masculinidad

Deme un hombre

ELVIRA LINDO 20/11/2011

Por soñar, que no quede.

Quiero uno que no pierda jamás la cara de niño; con músculos de hombre, no con brazacos de pollo hormonado

Solo hay un hombre sobre la tierra que dé cabida a todos los hombres posibles: Leonardo DiCaprio

Imagino, por ejemplo, que estoy ante un honrado vendedor de hombres a la medida. Uno de aquellos magníficos dependientes orgullosos de serlo que lucían una cinta de metro a modo de guirnalda sobre la solapa del traje. Imagino, por ejemplo, que le digo, "deme un hombre que no pierda jamás la cara de niño; deme un hombre con músculos de hombre, no con esos brazacos de pollo hormonado que les salen en los gimnasios; deme un hombre que sepa guiñar el ojo; deme un hombre que ante una escena conmovedora se desarme y sepa expresar melancolía sin mover un músculo; deme un hombre con ojos de niño y cuerpo de hombre; deme un hombre con un poco de barriga, siempre es más acogedor abrazarse a una barriga que a una tableta de chocolate; deme un hombre que de la bondad pase a tener cara de asesino, como si fuera una versión moderna de James Cagney; deme un hombre que a veces parezca guapo y otras tosco, a veces muy listo y otras algo bobo; deme un hombre que tenga cara de bueno y alma de estafador; que sea un infeliz, un advenedizo, como el gran Gatsby; deme el típico hombre chuleta, de los que se rallan enseguida; deme un hombre al que le sienten bien los uniformes, que cuando se vista un uniforme de piloto de la Pan Am parezca un piloto de la Pan Am; deme un hombre que de pronto se rompa y llore con lágrimas verdaderas; deme un hombre al que nadie ha querido, alguien que lleve la cara de perdedor desde la línea de salida; deme un hombre con cara de pillo; deme un hombre sin época, con cara de ladrón urbano del XIX, de muerto de hambre de principios del siglo XX, de hombre elegante de los años veinte, de millonario insensato de los treinta, de contrabandista de diamantes en Sierra Leona, de chico maltratado por su padrastro o de marido suburbial de los cincuenta; deme un hombre que, aun siendo todavía un muchacho, sea capaz de estar a la altura de una jaca como Kate Winslet; deme un hombre capaz de echar un polvo en la cocina con Kate Winslett sin quedarse menguado entre las extremidades inferiores de tan tremenda señora; deme un hombre que aun rodeado de Meryl Streep y Diane Keaton no solo no sea eclipsado sino que brille; deme un hombre que aunque tenga una discapacidad mental no vea disminuido su atractivo; deme un hombre que cuando se deje el pelo largo parezca una niña y, cuando luzca el pelo corto, un terneraco; deme, en resumen, un hombre que contenga en sí mismo a todos los hombres que en el planeta tierra hayan existido desde el primer homo sapiens, del más primitivo al más sofisticado. Deme, ya sé que es mucho pedir, al hombre". Por soñar, que no quede. Después de haber escuchado con atención mi requerimiento, el vendedor de hombres a la medida, se pasa la mano por el mentón, se sume en un silencio que se masca, y con la profesionalidad de aquellos antiguos dependientes orgullosos de serlo que gustaban de rastrear en los rincones más secretos de la trastienda para satisfacer las necesidades de una clienta caprichosa, dice de pronto: "Solo hay un hombre sobre la tierra que dé cabida a todos los hombres posibles, Leonardo DiCaprio. No lo tengo en stock, pero se lo pido ahora mismo. Le advierto, eso sí, que tardará un poco más que otras estrellas de la interpretación, dado que DiCaprio es un hombre comprometido con el medio ambiente y ha descartado utilizar jet privado, vendría en un vuelo regular". No me importa, no me importa esperar. Le he esperado desde que interpretara al tontorrón de Jack Dawson en Titanic. Le espero con impaciencia desde que lo viera en Atrápame si puedes. Lo acabo de ver interpretando al siniestro Edgar Hoover, el implacable director del FBI obsesionado con los comunistas y con los detalles sexuales ajenos. Solo DiCaprio puede protagonizar una escena en la que Hoover, el reprimido, se engancha en una pelea de machos con el que fuera su colaborador, Clyde Tonson, y acaba besándole con los labios llenos de sangre. Solo él puede interpretar una escena en la que Hoover, el siniestro, se viste con las ropas de su madre que acaba de morir. Solo él puede hacerlo y que el espectador en vez de estallar en carcajadas contenga la respiración. No es esta película de Clint Eastwood un catálogo de todas las víctimas a las que este sórdido personaje arruinó la vida, es un retrato del individuo, desde su juventud hasta una vejez que requirió cinco horas de maquillaje sobre la cara del actor. Los kilos en la barriga, por cierto, no son de látex sino producto de su afición a las cup cakes de chocolate. Para ser Hoover pasó horas escuchando discursos del personaje. Para poner la voz en off que recorre la película imitó la manera en que William Holden lo hizo en Sunset Boulevard, con la intención de que la narración tuviera un toque retro, aquel tono seco y firme que los actores de entonces adoptaban cuando debían servir como hilo conductor de una historia. Habrá a quien le parezca que la película humaniza en exceso al personaje. Yo también tengo mis dudas. Las mismas que tendré cuando vea a Meryl Streep otorgándole una gracia a la Thatcher de la que esta carecía. Y como el paquete con DiCaprio, obviamente, no ha de llegar, iré a verle pronto haciendo de Sinatra o haciendo de Gatsby. Eso sí, por soñar, que no quede. -

Siri Hustvedt: "El deseo puede romper una pareja feliz en un instante"


La escritora estadounidense, Siri Hustvedt, publica su nueva novela 'El verano sin hombres'

POR XAVI AYÉN - La Vanguardia 16/11/11 



Ella tiene 55 años y es poetisa. Lleva tres decenios junto a su marido, científico en la sesentena. Un día, él llega a casa y le dice: "Cariño, necesito una pausa en nuestra relación". Ella aclara: "La Pausa tiene treinta años y es francesa". Al poco, a ella la encierran en un manicomio. La nueva novela de la norteamericana Siri Hustvedt (Northfield, 1955), El verano sin hombres (Anagrama/Empúries), es la historia de cómo Mia –así se llama la protagonista– afronta la pausa: su enloquecimiento, el proceso de recuperación, la construcción de un relato que la sane, el contacto con otras mujeres... Las malas lenguas han puesto énfasis en los rasgos comunes de Mia con la propia Hustvedt y de Boris, el marido, con Paul Auster, pareja de la escritora desde el año 1981.

Esta novela puede leerse como una continuación, en cierto sentido, de su ensayo "La mujer temblorosa", ¿no cree?
En cierto sentido. Aquello era un ensayo autobiográfico sobre mis crisis nerviosas, y en esta novela introduzco bromas sobre neurología, pero el libro es diferente.

¿Cuál fue su idea inicial?
Acabé Elegía para un americano, mi cuarta novela, y me dije que todo lo que hiciera desde entonces sería desde el punto de vista de una mujer. Había escrito tanto desde la mirada masculina... Descubrir la voz femenina ha sido interesante, hacer que llevaran ellas la voz cantante, que fueran las narradoras, y en este caso como si fuera una película de George Cukor, me gustaba la idea de mezclarlo con referentes cinematográficos de los directores que adoro. Quería sentido del humor, mujeres... una especie de comedia feminista.

Con final feliz incluido, en el sentido más clásico...
Sí, pero yo ironizo. Mia sabe que la clave de las buenas comedias es que acaban justo en el punto exacto de la historia para que sea todo una comedia, y ahí acaba ella la suya, con un fundido en negro. Pero, en el fondo, ella es lista y también sabe que nada vuelve a ser nunca lo mismo. Es un libro también sobre las diferencias, no solo las sexuales sino todo aquello que nos hace diferentes, como la edad. Me baso en los estudios contemporáneos sobre biología. Hay ironía, pero a la vez tratamiento serio, profundo, de las cuestiones.

Es como una novela francesa, porque intelectualiza mucho las situaciones, teoriza sobre todo...
Lo que sustenta una comedia es la distancia: explicar algo desde fuera y mostrar que, visto así, el mayor drama es, en el fondo, ridículo. Muestro cómo ella se salva, esos mecanismos de supervivencia basados en el continuo movimiento de la imaginación, ella va a construir un relato digerible sobre lo que le ha sucedido. La novela es sobre el valor y el poder de la imaginación.

Para ello, Mia utiliza tanto la poesía como la ciencia...
Ambas nos son útiles, ¿verdad? Yo leí a mis tres escritores favoritos, Coetzee, DeLillo y Auster, para ayudarme a describir esa sensación depresiva que tienen algunos de sus personajes, pero sobre todo he leído mucha neurobiología. Y la historia de la ciencia es muchas veces absurda: cómo buscaban partes del cerebro femenino que no existían, cómo demostraban que las hembras no tenían orgasmos, todo el hilarante debate sobre el clítoris... Los doctores han dicho cosas horribles, ridículas, que citándolas tal cual ya son subversivas.

¿Quién es esa Frances Cohen a quien usted dedica el libro?
Mi psicoanalista.

Vaya... ¿Qué opina del libro?
Le ha encantado.

Ese es tal vez uno de los mayores miedos de muchas mujeres en la mediana edad: que su pareja les deje por una chica joven. ¿Ha recibido respuesta de lectoras que se identificaban?
¡Enorme! Mucha gente. Yo no trato del deterioro de una relación de pareja, esto es algo diferente. Es una pareja que lleva mucho tiempo junta, y todo va bien entre ellos, no tienen problemas pero, una mañana, él decide irse con otra. Lo sorprendente es la cantidad de gente que ha venido a contarme historias reales que son exactamente lo mismo... incluso amigos y conocidos que me han dado grandes sorpresas... Lo que me fascina de todas estas historiaa es que no había ninguna señal de alarma. Una mujer que estaba haciendo la mudanza con su marido, se iban a una casa más grande, y que, tras empaquetar todas sus cosas, con el camión ya lleno, echan un último vistazo a su casa antigua y el marido le dice: "No voy a ir contigo". ¡Ella no se lo podía creer! De eso va mi libro: la caída repentina en el pozo, sin que medie un proceso, es algo chocante y que sucede muchísisimo.

Usted muestra esa marcha pero también cómo, en una relación de largo recorrido, puede alcanzarse una conexión profunda entre dos personas.
¡Esa es la cuestión! Mia está enfadada pero a la vez comprende el enorme poder del deseo sexual, y el libro es sobre eso. A ella la encierran en un manicomio, y se pone a escribir un diario de todos sus encuentros sexuales antes de Boris, convirtiendo su propia experiencia en un relato pornográfico, lo que le ayuda a tomar distancia de sí misma.

Es un hallazgo llamar a la francesa la Pausa... Además, en el fondo, él tenía razón: ¡era solo una pausa! Lo que al principio parece una ironía o una mala excusa se revela como la verdad...
A ella no quería ni nombrarla. Supongo que tiene padre y madre pero no me importa. Este libro entero es una pausa. Ha sido mi pausa. La pausa es la chica. El verano es siempre una pausa, Mia también se toma su pausa. Toda la novela se organiza como una pausa entre una realidad y otra.

Podría haber sido un sueño...
En las películas a veces es un sueño...

Mia tiene relación con dos grupos de mujeres: las dinámicas ancianas amigas de su madre, y las adolescentes a las que enseña poesía. Es muy simbólico: como una reunión de todas las mujeres del mundo, con ella en medio.
Sí, a mí me encanta la chica pequeña, Flora. No aparece ningún hombre, ninguno. Solo Simon, el niño, pero no habla.

¿Se lo ha pasado bien escribiendo esto?
Me he divertido mucho. Cuando mi marido volvía a casa, me encontraba escribiendo y riéndome sola en el despacho.

¿Quién ha hecho los dibujos del libro?
Los he hecho yo, es la primera vez que ilustro un libro. Marcan, puntúan los estados emocionales de la novela. Hay una chica con una caja, al principio ella está encerrada dentro, llorando, luego sale...

¿Quién es Stefan?
El hermano de Boris, que se suicida. Es la peor historia del libro. Muestra todo el peso que carga él en su espalda. Es la explicación de por qué Boris es un hombre emotivamente tan cerrado. Esa muerte horrible, en términos de la historia, me sirve, si no para crear empatía, para explicar psicológicamente la oscuridad de Boris.

Por eso es un libro sin hombres pero que, en el fondo, les comprende...
Eso mismo creo. Ellos dos tienen espíritu de comunión, quieren estar juntos. Pero dibujo unas psicologías complejas.

Con este argumento, tenía el peligro de caer en el sentimentalismo, pero no es su estilo...
Lo importante es que todo lo que sucede es muy ordinario, el material es terriblemente vulgar, pero no el libro, la manera en que todo este material se procesa. Eso es lo interesante, es un libro sobre el juego, sobre cómo jugamos en la vida, ordenando las cosas, dándoles magia e insuflando imaginación en la banalidad. Y funciona.

¿En qué trabaja ahora?
En otra novela, que se llama Monstruos en casa.

No parece divertido...
No lo es. Hay mucha gente que va a contar la historia, hombres y mujeres, cada vez sale una nueva voz, es una polifonía. Me obliga a escribir de formas muy diferentes.

No le he preguntado por la parte de hechos reales que hay en el libro, porque he leído en The Guardian que deja usted de reirse cuando se lo sacan a colación.
¿Le preguntaría eso a un hombre? Si lo hubiera escrito Paul Auster, ¿le preguntaría si le ha sucedido a él?

No, no, pero tampoco se lo he preguntado a usted.
Usted no. Pero tengo la sensación de que si lo escribe una mujer la gente imagina que es algo que le ha sucedido, y si lo cuenta un hombre forma parte de su talento imaginativo como escritor. Yo también tengo mucha imaginación. Si me lo preguntara, de todos modos, ¿sabe qué le respondería?

¿Qué?
Que todos los escritores trabajamos con material autobiográfica, y la magia de la ficción es que eso se presenta de un modo en que ya no importa qué es lo que proviene de la vida real y lo que no. Le respondería que la pregunta muestra que la imaginación se ha vuelto algo problemático, el tema de las historias reales es un gran debate que tenemos en EE.UU. Parece que los libros valen según si es cierto lo que cuentan. Conozco a un editor que, en una novela sobre una mujer violada, hacía notar que la autora realmente fue violada y que estaba dispuesta a hablar de la violación real con los medios de comunicación, como si eso hiciera el libro más auténtico.


Como esas películas que dicen "basado en hechos reales" porque es más comercial...
¿Tienen ustedes programas de telerrealidad en España?

Sí, por desgracia.
Pues la paradoja es que esos supuestamente programas reales son mucho menos auténticos que las historias de las buenas novelas.


¿De dónde vienen las historias?
Esa es una buena pregunta, vienen de todas partes, de alguien a quien le ha sucedido, de alguien que se las ha imaginado...

Pero el personaje de Daisy, la actriz hija de Mia, sí está basado en su hija Sophie...
Sí, ese sí. Es la nueva generacion de mujeres, más desacomplejadas, mucho más libres. Compárela con Abigail, la anciana, que simboliza la prisión en que han estado muchas mujeres y que ella elude de un modo artístico tejiendo mensajes ocultos en sus bordados... También es una artista, alguien que imagina.

domingo 2 de octubre de 2011

La tradición de los (grandes hombres)-caudillos-redentores de América Latina y la literatura

Tierra de redentores

ENRIQUE KRAUZE BABELIA 01/10/2011

El culto al caudillo y el mito revolucionario han dominado la historia de América Latina. Octavio Paz reivindicó su raíz democrática, y ahora, Mario Vargas Llosa es el líder intelectual y moral de aquellos que esperan el triunfo de la libertad. El autor de este texto interpreta la historia independiente y moderna del continente, habla del mito del hombre fuerte, del héroe providencial, y censura la revolución como el prestigio de una nueva aurora.

No uno sino dos fantasmas recorren la historia independiente y moderna de América Latina: el culto al caudillo y el mito de la Revolución. Los pensadores liberales del siglo XIX abjuraron de ambos.

En Facundo -su obra clásica sobre el telúrico caudillo Facundo Quiroga, "sombra terrible" de las pampas-, Sarmiento recreó al prototipo del poder personal en el siglo XIX latinoamericano, el dueño de vidas y haciendas, hombre de horca y cuchillo, símbolo de Barbarie opuesta a la Civilización. Publicada en 1845, aquella obra tuvo una brillante descendencia, primero en el Nostromo de Conrad y más tarde en una larga sucesión de novelas sobre dictadores: Tirano Banderas de Valle-Inclán, El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, Oficio de difuntos de Arturo Uslar Pietri, Yo, el Supremo de Augusto Roa Bastos y las dos antitéticas creaciones de García Márquez y Vargas Llosa: El otoño del Patriarca y La Fiesta del Chivo.

Por lo que hace a la Revolución, a pesar del influjo romántico de la Revolución Francesa, en el siglo XIX el concepto se entendió como una ruptura ilegítima y violenta del orden legal. En ese mismo sentido lo emplea Conrad para describir a su turbulenta Costaguana: la Revolución como la otra vertiente de la Barbarie.

Pero al despuntar el siglo XX, con el advenimiento de la Revolución mexicana y la bolchevique, una lenta trasmutación comenzó a operar en la realidad y la imaginación de nuestros países: la crítica del caudillo se transformó en culto al hombre fuerte, al héroe providencial; y la Revolución adquirió el prestigio de una nueva aurora de justicia para los pueblos.


Octavio Paz pensó que la batalla central de América Latina era de ideas y debía librarse en el ámbito de la literatura

En la larga vigencia del culto heroico y el mito de la Revolución convergen dos autores clásicos: Thomas Carlyle y Carlos Marx. Al ensayista e historiador escocés se debe la idea de que la historia no tiene más sentido del que le confiere la biografía de los "Grandes Hombres", en particular la de los inspirados "héroes" políticos como Oliver Cromwell o el Doctor Francia, que prescindieron de las instituciones democráticas por considerarlas una parafernalia inútil. (Varios tiranos latinoamericanos como el venezolano Juan Vicente Gómez, a quien un reconocido historiador llamó "Hombre de Carlyle", siguieron ese libreto).

A propósito de la Historia de la Revolución Francesa de Carlyle, Carlos Marx (que lo admiraba) escribió en 1850: "Le corresponde el crédito de haber combatido en la arena literaria a la burguesía... de una manera, por momentos, revolucionaria". El problema -agregaba Marx- es que "a sus ojos, la apoteosis de la Revolución se concentra en un solo individuo... Su culto a los héroes... equivale a una nueva religión". Pero también Marx creía que la apoteosis de la Revolución se concentraba en un solo protagonista
... colectivo: el proletariado, las masas. Y ese culto, con el tiempo, "equivalió" también a "una nueva religión". El siglo XX probó que las simpatías entre ambos pensadores eran mayores que sus diferencias: solo se requería la aparición de un héroe carlyleano que asumiera la Sagrada Escritura de Marx. Ese personaje fue Lenin, y tras él irrumpieron en la escena varios otros: "El Dios trascendente de los teólogos...", escribió Octavio Paz, "baja a la tierra y se vuelve 'proceso histórico'; a su vez, el 'proceso histórico' encarna en este o aquel líder: Stalin, Mao, Fidel".

La sacralización de la Historia en la persona de un héroe produce la figura política de los "redentores". En América Latina el proceso tuvo antecedentes populares en la guerra de independencia mexicana y en los movimientos mesiánicos de Brasil (que Vargas Llosa recreó en su clásica novela La guerra del fin del mundo), pero su versión moderna -a mi juicio- nace del agravio contra Estados Unidos a partir de la guerra de 1898.

Todavía Martí, el último liberal del XIX, pudo soñar con una constelación de repúblicas americanas, orientadas al progreso y respetuosas entre sí. Pero las actitudes imperiales del "monstruo" en cuyas entrañas había vivido (y cuya democracia y dinamismo había admirado) terminaron por decepcionarlo. Con su muerte murió también el proyecto de una América homogénea e igualitaria.

Había que imaginar y construir otra América, distinta y opuesta a la del Norte. Movido por ese agravio, el pensador uruguayo José Enrique Rodó publicó en 1900 un opúsculo que influyó en el destino político e intelectual de "Nuestra América". Se titulaba Ariel y postulaba un "choque de civilizaciones" entre la superior espiritualidad de Hispanoamérica y la "barbarie" materialista de Estados Unidos.

Conforme avanzó el siglo, las más diversas corrientes ideológicas (el nacionalismo, el anarquismo, el socialismo, el marxismo, el indigenismo y aun el fascismo) fueron deudoras, en diversa medida, del idealismo "arielista" y encarnaron en personajes con ideas o actitudes "redentoras", como las del mexicano José Vasconcelos (que quiso ser presidente para "salvar a México" y vio en América Latina la cuna de una "Raza Cósmica") o las más terrenales del peruano José Carlos Mariátegui (que profetizó la convergencia revolucionaria entre el marxismo y el indigenismo).

Tras la guerra civil española, América Latina se escindió entre fascistas y socialistas (con poco espacio para los liberales) pero a ambas corrientes las vinculaba aquel resentido desprecio contra el yanqui. Hasta un personaje ajeno al universo de los libros como Eva Perón, la "santa de los descamisados", lo albergaba.

En 1959, cuando el Ariel seguía siendo lectura obligada en las escuelas del continente, una santísima dualidad de redentores apareció en el escenario y cumplió la profecía de Rodó: Fidel y el Che. Mi generación los veneró. Debido a ellos, la Revolución -palabra mágica, concepto histórico, promesa de redención social- volvía a adquirir, acrecentado, el viejo hechizo de la Revolución mexicana o rusa. Era fácil adoptarla: una pasión excitante, un libreto sencillo y una inmediata gratificación del narcisismo moral. Y era imposible evadirla: estaba en las aulas y los cafés, en las páginas literarias, los suplementos culturales y la oferta editorial. La filiación de izquierda había dejado sus ámbitos habituales de la primera mitad del siglo XX (los sindicatos, las infinitas sectas, los partidos subterráneos o proscritos) para refugiarse en el mundo de la cultura y la academia, donde se volvió hegemónica. Y como el neotomismo en tiempos coloniales, la doctrina marxista alcanzó el rango de canon irrefutable.

En el verano de 1968 estalló en México un movimiento estudiantil que, si bien tenía orígenes de izquierda, no se proponía una Revolución sino la apertura de espacios de libertad en un sistema cerrado y autoritario. Vacunándose contra una hipotética conjura comunista (que creía inminente), el 2 de octubre el Gobierno masacró a decenas de estudiantes en la plaza de Tlatelolco. Nunca olvidamos el agravio. Unos tomaron las armas y se incorporaron a la guerrilla urbana o rural, otros practicaron la guerrilla ideológica en la redacción de los periódicos y revistas o el trabajo editorial y académico. Otros más fueron activistas en organizaciones obreras y campesinas. Sin embargo, comparada con la radicalización armada de muchos países de América Latina, la mexicana fue relativamente débil. Tras el golpe de Estado en Chile, de Guatemala a la Patagonia, al menos dos generaciones de estudiantes y profesores universitarios quisieron emular al Che Guevara. Muchos perdieron la vida a manos de los feroces Gobiernos militares -algunos, como el argentino, verdaderamente genocidas- que aparecieron en la región.

A raíz de la matanza de Tlatelolco, Octavio Paz, nuestro poeta mayor, había renunciado a la Embajada de India. Sus jóvenes lectores esperábamos su regreso para encabezar un partido revolucionario de izquierda. Pero Paz pensó que la batalla central de América Latina era de ideas y debía librarse en el ámbito de la literatura. Por eso hizo algo insólito: hace exactamente 40 años, el 1 de octubre de 1971, fundó la revista Plural y en ella puso casa a la disidencia de izquierda en México y Latinoamérica.

Tener a Paz de vuelta era como tener cerca a Orwell, Camus o Koestler, los antiguos hechizados, los grandes desencantados de la Revolución. Paz hizo entre nosotros lo que los disidentes del Este (Kolakowski, Havel, Sajarov) hacían en sus países: criticar a la izquierda totalitaria real desde la izquierda democrática posible. Mi generación no lo entendió así, y lo atacó sin tregua. Paz venía de un periplo político que nos era casi desconocido. Aunque sabíamos algo de su participación en la guerra civil española, ignorábamos la historia de su paulatino desencanto con el régimen soviético. En 1971, a raíz del caso Padilla (reedición caribeña de los Procesos de Moscú, admirablemente recreada por Jorge Edwards en Persona non grata), varios escritores latinoamericanos y españoles (Vargas Llosa, Juan Goytisolo y el propio Paz, entre otros) marcaron sus distancias definitivas con Castro. Pero los universitarios radicales, armados o no, permanecieron por muchos años -y algunos por siempre- fieles a la Revolución y a su caudillo.
Para Paz, la lectura del Archipiélago Gulag en 1974 fue el punto de quiebre definitivo. Allí terminó por confrontar la naturaleza totalitaria del socialismo soviético y, para su sorpresa y sosiego, redescubrió el viejo ideario liberal del siglo XIX, el de su propio abuelo. Paz, en una palabra, se volvió plenamente demócrata. No era una hora temprana en su vida -cumplía 60 años- pero aún era tiempo para prevenir a los jóvenes latinoamericanos sobre los peligros del redentorismo político en el que convergían el culto al poder (ya sea del caudillo o del presidente omnímodo) y el mito de la Revolución: "La gran Diosa, la Amada eterna, la gran Puta de poetas y novelistas". No quisieron escucharlo. La querella de Paz con la izquierda continuó hasta su muerte, en abril de 1998. Incluyó polémicas, descalificaciones, insultos y hasta amenazas de muerte. En 1984 su efigie fue quemada por una turba a unas calles de su casa, frente a la Embajada de Estados Unidos en México, por haber cometido la herejía de pedir elecciones en Nicaragua.

Su trinchera fue la revista Vuelta, heredera de Plural, que apareció de diciembre de 1976 a septiembre de 1998 y circuló ampliamente por el mundo de habla hispana. (Tránsfuga de mi generación, lo acompañé en su aventura). Trinchera es la palabra exacta, porque Vuelta no se ocupaba académicamente de la historia política de América Latina: Vuelta quería cambiar esa historia. Por eso, en la arena de las ideas postulaba la democracia y combatía las lacras derivadas del culto al caudillo y el dogmatismo ideológico: el militarismo, el populismo, el presidencialismo, el estatismo, la guerrilla. Naturalmente, la revista fue prohibida lo mismo en la Argentina de Videla que en la Nicaragua de los sandinistas (no se diga en el Chile de Pinochet o en la Cuba castrista). Los principales escritores del idioma para quienes la libertad ha sido un valor supremo escribieron en sus páginas. En Vuelta, Mario Vargas Llosa publicó su estrujante reportaje sobre la Matanza de Uchuraccay (documento irrefutable contra el fanatismo guerrillero) y los principales ensayos de su travesía liberal. En Vuelta, Gabriel Zaid reveló la naturaleza elitista y universitaria (no campesina, ni obrera, ni espontánea, ni social) de las guerrillas salvadoreñas. En Vuelta, Guillermo Cabrera Infante explicó por qué el suicidio ha sido la ultima ratio de expresión política en la Cuba de Fidel.

En 1989 la batalla de las ideas parecía ganada. En París, con motivo de la recepción del Premio Tocqueville, Paz habló de dos "portentos de una nueva era que, quizás, amanece: ...el ocaso del mito revolucionario en el lugar mismo de su nacimiento... y el regreso a la democracia en América Latina". Tenía razón en recordar que el acta de fundación de los países iberoamericanos en las primeras décadas del siglo XIX había sido precisamente la democracia liberal -entendida en un sentido amplio, republicano y constitucional-. Parecía un milagro que todos los países de América Latina (salvo Cuba) estuviesen a punto de volver al origen democrático, pero el milagro fue real y muy pronto se consolidó. Significativamente, muchos detractores de la democracia (sin mayor explicación) se volvieron súbitos demócratas. No obstante, en 1994, la Historia -ese teatro sorprendente- puso en escena una nueva representación revolucionaria: una rebelión indígena vagamente inspirada en las ideas de Mariátegui. Ocurría al sur de México, en el Estado de Chiapas. La encabezaba un sacerdote que profesaba la "Teología de la liberación" (el obispo Samuel Ruiz) y un guerrillero enmascarado (el subcomandante Marcos) que, emulando al Che, fumaba pipa, recetaba medicinas y escribía cuentos. Ante esta resurrección, Paz entró en un estado de perplejidad y así murió.

El Réquiem por la Revolución había sido prematuro. La tensión entre Revolución y Democracia seguía desgarrando a América Latina. Mientras la democracia se consolidaba, el posmarxismo seguía imperando en no pocas universidades del continente (y hasta en algunas norteamericanas).

Y a principios del siglo XXI, en Venezuela, el mito revolucionario reencarnó en un esperpento político extraído de Valle-Inclán. En su discurso inaugural, Chávez vituperó a la "maloliente" democracia y en su desempeño -como dicta Carlyle- buscaría reducir la historia venezolana a su biografía personal. Marx había escrito: "Todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces... una vez como tragedia y la otra como farsa". Chávez, es cierto, sería una caricatura de Fidel, pero una caricatura con cientos de billones de petrodólares en la cartera y un carisma diabólico: un caudillo posmoderno, un redentor por Twitter.

Como tragedia y como farsa, los fantasmas redentores del poder y el dogma siguen rondando la vida latinoamericana. Ningún empeño por exorcizarlos se compara al de Mario Vargas Llosa. Su liderazgo intelectual y moral ha sido indiscutible. En sus obras, como expresó el comité que le otorgó en 2010 el Premio Nobel, Vargas Llosa ha construido una "cartografía de las estructuras de poder y el reflejo de éstas en la resistencia del individuo, en su rebelión y su derrota". Su tema central -su obsesión, su misión- ha sido la minuciosa y apasionada crítica de ese poder: el poder de los fanatismos de la identidad (racial, nacional, ideológica, religiosa) y el poder de los dictadores militares o revolucionarios, los "Chivos" del continente, a quienes detesta por razones casi genéticas. En ese sentido, su trayectoria contrasta con la de Gabriel García Márquez, el otro gran novelista latinoamericano en cuya obra no es difícil advertir una marcada veneración por el hombre fuerte a partir de la cual se comprende su prolongado servicio a la Revolución cubana y a su amigo, el redentor inmortal.
El mesianismo político latinoamericano nació en 1898 en Cuba, cristalizó en Cuba en 1959, y definirá su destino en Cuba, en un futuro cercano. El hechizo de la Revolución fue tan grande como lo es ahora el desencanto y la pesadumbre de las generaciones sacrificadas en el altar de un caudillo vitalicio. Ojalá llegue la hora de la reconstrucción y la reconciliación, la hora de la libertad: obra de demócratas, no de redentores.
Enrique Krauze (Ciudad de México, 1947) publicará el próximo día 6 Redentores. Ideas y poder en América Latina (Debate). Es director de la revista Letras Libres, cuya edición española celebra diez años, con actos en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, del 5 al 7 de octubre. Enrique Krauze conversará allí con Mario Vargas Llosa (viernes, 7, a las 19.30). www.enriquekrauze.com



Anhelo de justicia

M. Á. BASTENIER 01/10/2011
Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 15 votos
Imprimir Enviar
 
El escritor e historiador mexicano Enrique Krauze lleva algún tiempo especializándose en el retrato de grandes hombres -y alguna vez mujeres, entre Plutarco y Carlyle-, en este caso no solo de México sino de toda América Latina. Con el hilo conductor de lo que califica de cualidad redentora de ciertos personajes, ha reunido una docena de semblanzas, dispuestas en orden cronológico, de ayer a hoy, que forman una extensa panorámica de quien goza o padece ese convencimiento, pretensión o despliegue de la personalidad tan próximo a la noción de caudillismo, que parece hallarse profundamente enraizado en el soma latinoamericano. En una primera aproximación identitaria contabilizamos en esa docena de apóstoles a cuatro mexicanos: José Vasconcelos, el pedagogo que quiso ser político; Octavio Paz, gran magíster de la cultura en español y no solo mexicana; el obispo Samuel Ruiz, transmigración chiapaneca de fray Bartolomé de las Casas, y el guerrillero posmoderno subcomandante Marcos; dos argentinos: Eva Perón, la frágil pasionaria del Río de la Plata, y el Che Guevara, paleo-guerrillero e icono universal; dos peruanos: José Carlos Mariátegui, inventor de un marxismo indigenado, que algo debería decirle al boliviano Evo Morales, y el último Nobel de Literatura en castellano, Mario Vargas Llosa; y, a uno por país, José Martí, el primer gran pensador político después de Bolívar, cubano; José Enrique Rodó, el primer gran pensador cultural de ese mismo mundo y segundo de nadie, uruguayo; Gabriel García Márquez, el novelista sobre cuyas espaldas se edificó el boom de la literatura latinoamericana, colombiano, y Hugo Chávez, el fundador del chavismo neo-bolivariano, de Venezuela. Son, además, siete los escritores que, como justificación vital o instante alimenticio, incursionaron en la política; tres políticos, que desde la guerrilla pensaron o hicieron -hace todavía uno de ellos- política; un religioso que postulaba la subversión con dudas y sudores, y una única mujer, Circe del populismo, y encarnación del liderazgo, puro, sin adjetivos. Pero Krauze no se limita a retratar a sus redentores, ni a situarlos en su contexto político, intelectual e histórico, sino que dibuja la plenitud del personaje en su tiempo; así, la aproximación a Octavio Paz, que domina no solo por extensión este paisaje con figuras, sino, verosímilmente, por la empatía que el autor siente por una trayectoria y un final de partida similares a la suya propia, constituye, junto con la recordación de Vasconcelos, un verdadero esquema de la historia de las ideas políticas en el México contemporáneo. Inevitablemente, la reunión de 12 personajes que algo tienen en común, pero responden a experiencias tan distintas, provoca irregularidades de interés y dedicación. Santa Evita, como el autor no oculta, le debe más que a nadie al desaparecido Tomás Eloy Martínez, el mayor cronista que ha habido del peronismo, a la vez que novelista y reportero, y cabe que los cuatro mexicanos aquí reseñados denoten esa mayor proximidad y convergencia del autor, tanto en la coincidencia como en el disentimiento.

Redentores. Ideas y poder en América Latina

Enrique Krauze
Debate. Barcelona, 2011
547 páginas. 24,90 euros

M. A. BASTENIER

Los distintos tipos de redentorismo, de fuerte impronta paracatólica, están admirablemente caracterizados. Martí es el redentor místico devorado por un hambre de acción para la cual estaba insuficientemente preparado; misticismo que encontramos asimismo en aquella señora de Perón, que supo inspirar en las masas una fe de dimensiones guadalupanas. En el autor de Ariel, Krauze identifica el nacimiento con partida de bautismo en Montevideo del nacionalismo cultural latinoamericano -que había sido ya político en Martí- y tiene su prolongación con un marxismo teñido de cobrizo en Mariátegui, el primer autor del siglo que piensa en el indio como sujeto político activo; y otro tanto en el Che, el profeta armado, cuyo comunismo idiosincrásico no podía caber dentro de la prisión del castrismo, y, por último, en la ambición de ser suma y compendio de todos los demás dramatis personae de la obra, en Chávez. En Vasconcelos predomina el redentorismo educador y mesiánico, no ya cósmico como en los años veinte, sino hispano-céntrico en su decaer de los cuarenta; que se prolonga en la humildad franciscana del prelado de Chiapas, que, abrazado por la teología de la liberación, se muestra menos interesado en la construcción democrática de México que en la solución del problema indígena en la selva Lacandona; caracterización que cuadra también al subcomandante Marcos.
 
Y restan tres grandes escritores, a la vez que políticos ocasionales. Paz es un espeleólogo-poeta que bucea en busca de la identidad nacional, sin dejar de proyectarse como "contemporáneo de todos los hombres" -preferentemente, franceses, sin embargo-; Gabo, el escritor cuyo primer regalo familiar fue un diccionario, lo que no le impidió romper las barreras de la literatura más formal de la primera mitad del siglo, despliega en su obra un ardoroso anti-imperialismo que apenas es complementario, y, por último, Vargas Llosa, donde el camino de redención se hace formalmente democrático, con destino final, como ocurre en el caso de Paz, en el liberalismo de la socialdemocracia.

Pero, más allá de una taxonomía urgente, cada uno tiene o ha tenido algo de los demás: mística, acción, mesianismo, marxismo, guerrillerismo, anti-imperialismo, y anhelo de alguna forma de justicia y democracia. Si acaso es el indigenismo lo que conecta, separadamente, a algunos de ellos -Mariátegui, Ruiz y Marcos- al tiempo que aparece solo en abstracto, y de ninguna manera por razones obvias en Evita, en todos los restantes. Tras la lectura de Redentores uno podría anticipar en Krauze una futura historia intelectual de América Latina, a la que ha ido aproximándose como en una reacción en cadena. En el mundo iberoamericano, aun en su parte más hispano-gaseosa, las identidades son sin duda múltiples, y el Zócalo mexicano dista varias civilizaciones del barrio de Palermo en Buenos Aires. Pero ese es el reto en el excelente trabajo que aquí se reseña.


 

martes 10 de mayo de 2011

El papel de la mujer en el mundo

FUENTE: http://edicionimpresa.lavanguardia.es/premium/epaper/20110509/54150160876.html

Antes madre que trabajadora pero...

El sistema escandinavo no acaba con la discriminación de género

GLORIA MORENO - Oslo. Servicio especial

COMO SIEMPRE, EN CASA Las mujeres son las que se acogen a los permisos y se alejan del mercado laboral

MEJOR, OBLIGATORIOS Si el permiso para el cuidado del bebé es voluntario, pocos varones lo cogen
El último informe de la organización Save the Children vuelve a situar a Escandinavia como la mejor región del mundo para ser madre, empezando por Noruega y siguiendo por Islandia, Suecia, Dinamarca y Finlandia, que también aparecen en el top ten. La clave está en sus generosos permisos de maternidad y paternidad, que van desde los nueve meses previstos en Islandia hasta los 16 meses que contempla Suecia. Sin olvidar las prestaciones económicas adicionales por cada hijo y una extensa red de guarderías, entre otras formas de apoyo.
Pero no es oro todo lo que reluce. Tal y como señalan los expertos, el sistema escandinavo también tiene sus puntos débiles. El primero está en la contrapartida que algunos de estos beneficios tienen en la reinserción laboral de la mujer. El ejemplo más claro lo encontramos en Finlandia, donde las ayudas a las madres que se quedan en casa con sus hijos hasta los tres años se han convertido en algo popular.
La ley no establece quién debe quedarse en casa, pero en la práctica suele ser siempre la mujer. "Esto acaba siendo una trampa, ya que aleja a muchas mujeres del mercado laboral durante al menos tres años", explica Anita Nyberg, de la Universidad de Estocolmo. Después, la mujer tiene derecho a volver a la empresa. Sin embargo, "no es extraño que llegue otro hijo y luego incluso otro, con lo que ya no son tres sino seis o hasta nueve los años que la mujer se queda sin trabajar", señala la investigadora.
Noruega, Islandia, Dinamarca y Suecia también cuentan con este sistema. Sin embargo, es en Finlandia donde más se ha divulgado. Entre las causas, "los altos niveles de desempleo que el país sufrió en los años 90, poco después de que la prestación se implementara por primera vez", señala Bosse Parbring, periodista especializado en temas de género. La situación de precariedad laboral en que se encontraba la mujer "hizo que esta ayuda se convirtiera en una buena alternativa, con lo que poco a poco se fue generalizando incluso después, cuando la economía mejoró". Por el contrario, los defensores de esta medida, que tradicionalmente se ha vinculado al centroderecha, destacan los beneficios que el cuidado en familia tiene para los niños más pequeños, especialmente en medio de una sociedad en la que cada vez resulta más difícil dedicar tiempo a los hijos.
Otro punto caliente es el de la redistribución de los permisos de paternidad y maternidad dentro de la pareja, cuyo objetivo es conseguir que los hombres asuman más responsabilidades en el cuidado de los hijos y evitar, al mismo tiempo, que las mujeres pierdan comba en el mercado laboral. Para los más progresistas, el mejor método es el sistema de cuotas que reserva una parte del permiso exclusivamente para el hombre. Si este renuncia a su permiso, la mujer no puede utilizarlo en su lugar, con lo que ambos pierden esos días.
La implementación de esta medida, que dura un mes en Finlandia, dos en Suecia, dos y medio en Noruega y tres en Islandia, ha multiplicado los días que los hombres se quedan en casa cuidando al recién nacido. Los daneses, en cambio, sólo disponen de dos semanas, que luego pueden ampliar si lo desean. Sin embargo, el hecho de que esto sea voluntario, hace que muy pocos padres lo hagan, "con lo que Dinamarca se convierte en el país escandinavo donde los hombres dedican menos días al permiso de paternidad", explica Solveig Bergman, directora del Instituto Nórdico de Género (NIKK).

Con crisis, la igualdad pasa a segundo plano

En la actualidad, Islandia es el país que tiene una normativa sobre el permiso de paternidad más radial. A pesar de haber empezado a implementar este tipo de medidas más tarde, cuando lo hizo, optó por el modelo más progresista, que divide el permiso en tres partes iguales: tres meses para la madre, tres meses para el padre y otros tres a repartir según prefiera cada pareja.

A lo largo de la última década, el éxito de esta política ha sido rotundo. El 90% de los hombres islandeses disfruta como mínimo de los tres meses de paternidad que le corresponden y, antes de la crisis, algunos incluso lo alargaban un poco más. Estudios recientes indican que estos cambios han mejorado la reinserción de la mujer en el mercado laboral e incluso la fertilidad, que es de 2,1 hijos por mujer, según datos de 2007. Sin embargo, "la crisis ha hecho que muchos hombres dejaran de utilizar la parte de permiso voluntaria que tienen derecho a compartir con la mujer", explica Bergljót Þrastardóttir, del Centro de Igualdad de Género de Islandia. La razón está en los recortes que el endeudado Estado islandés ha tenido que llevar a cabo en los últimos tiempos y que han reducido esta parte de la prestación económica en un 36%. Aun así, la repartición a partes iguales no convence a todo el mundo. En Noruega, por ejemplo, "hay quien critica el modelo islandés porque puede perjudicar la lactancia materna, que debe durar al menos seis meses", explica Solveig Bergman, directora del Instituto Nórdico de Género.

En el África subsahariana y Afganistán, una de cada 30 mujeres pierde la vida por el parto

Las otras maternidades

CELESTE LÓPEZ - Madrid

ESPECIAL ATENCIÓN La calidad de vida de los niños depende de la salud y bienestar de las madres
DIFERENCIAS ABISMALES En Noruega, el 100% de los partos son atendidos; en Afganistán, el 14%
Mientras en Escandinavia el debate se centra en si se amplía el permiso del padre de dos a tres meses para que se involucre en la crianza de sus hijos, en otras partes del mundo, el debate se centra en evitar que los niños consigan sobrevivir el primer año y, como segunda meta, que alcance los cinco. En cuanto a la mujer, el objetivo es que consiga vivir para ver a su recién nacido entre sus brazos. Porque de no hacerlo, las posibilidades de que el bebé sobreviva son mínimas.

Es la cara y la cruz del mundo actual que, a pesar de lo que muchos digan, no tiene justificación alguna. Una de las organizaciones que están empeñadas en demostrar la necesidad de luchar contra la división del mundo entre los que tienen y los que no tienen es Save the Children, que entre sus múltiples actividades, cada año realiza un ránking sobre los países mejores para ser madre que, pese a lo que muchos puedan creer, lo que intenta es demostrar las injusticias sociales que se producen en los países que no están a la cabeza del mismo, es decir, la mayoría.

¿Por qué Save the Children se centra en su estudio en la madre? Porque sus más de 75 años de experiencia les ha enseñado que la calidad de vida de los niños y las niñas dependen de la salud, seguridad y bienestar de las madres. "Facilitando a las madres el acceso a la educación, oportunidades de desarrollo económico y atención sanitaria materno-infantil se incrementa las posibilidades de sobrevivir y prosperar tanto de las madres como de los hijos", señala el estudio.

Así, mientras en los países a la cabeza de la lista (los escandinavos, Australia, Nueva Zelanda, Bélgica, Países Bajos, Francia, Alemania y España) casi el 100% de los partos son atendidos por personal cualificado, en los países que se sitúan a la cola (República Centroafricana, Sudán, Mali, Eritrea, República Democrática del Congo, Chad, Yemen, Guinea Bissau, Níger y Afganistán) ese porcentaje no llega ni a la mitad. De ahí que una de cada 30 mujeres pierda la vida por cuestiones relacionadas con el parto y que uno de cada seis niños muera antes de cumplir los cinco años. O que uno de cada tres sufra desnutrición. Además, Nueve de cada diez mujeres corren el riesgo de perder al menos a uno de sus hijos durante su vida.
Más datos: mientras en Noruega (el primer país de la lista) hay personal cualificado en todos los partos, en Afganistán (el último), sólo cubre el 14% de los alumbramientos. Mientras una mujer noruega recibe una media de 18 años de educación formal, una afgana recibirá menos de cinco. Mientras una noruega vivirá 83 años, la afgana no llegará siquiera a los 45. Mientras....

Las otras maternidades

Suecia, ¿el palo o la zanahoria?

El debate sobre la necesidad de ampliar más el tiempo de permiso reservado al hombre y no transferible a la mujer es intenso en todos los países nórdicos. En Noruega pasará de durar dos meses y medio a tres a partir de julio. El Gobierno sueco, en cambio, ha preferido optar por el método de los incentivos al aprobar un sistema que bonifica económicamente a las parejas que decidan libremente dividirse entre los dos el total de meses de permiso.

Por el momento, los estudiosos destacan que esta medida todavía no ha tenido grandes resultados. Por un lado, "el bonus es demasiado bajo", señala la estudiosa sueca Ann-Zofie Duvander. Además, el sistema es demasiado complicado, lo que hace que algunos padres se echen para atrás. En tercer lugar, la población no está "bien informada", añade Duvander. El Ejecutivo ha reconocido sus errores y ha anunciado que simplificará el proceso.

Tras el parto

En España,la baja por maternidad es de 16 semanas.En Italia,son 20.En el Reino Unido y Dinamarca es un año.

Personal sanitario en partos

En Afganistán,sólo hay personal sanitario cualificado presente en un 14 % de los partos. En Noruega,es el 100%.

En la política


En Qatar, Arabia Saudí y las Islas Salomón las mujeres no ocupan ni un escaño en sus parlamentos. En Ruanda, son más de la mitad.

Los anticonceptivos

En Somalia,solo el 1% de las mujeres usa anticonceptivos.En Noruega,el 82%.

domingo 10 de abril de 2011

La sociedad matriarcal de los mosuo

Proyección del documental: "The Women's Kingdom"

En un rincón del sur de China, a orillas del lago Lugu, habitan los mosuo, una etnia que se caracteriza por su sistema matriarcal. Las mujeres administran el dinero, toman las decisiones, no suelen casarse y acostumbran a practicar el «matrimonio ambulante».

El documental The Women’s Kingdom («El reino de las mujeres») nos mostrará la realidad de los mosuo, así como los retos a los que se enfrenta esta etnia en un mundo cada vez más globalizado e interconectado.






Fuente: http://www.casaasia.es/actividad/detalle/201686

Fotos
Las mujeres al poder

Por Valeria Sol Groisman



El Reino de las Mujeres
Ricardo Coler
Edit. Planeta
208 paginas


Se trata de los Mosuo, una comunidad de veinticinco mil habitantes conocida como el último de los matriarcados que aún hoy se mantiene intacto. Algo así como el “paraíso del movimiento feminista”.

El periodista y fotógrafo Ricardo Coler emprendió un largo viaje para conocer cómo es la vida de estos hombres y mujeres que se relacionan bajo sus propias reglas y de acuerdo a sus particulares necesidades. “El reino de las mujeres. El último matriarcado” es el resultado de esa apasionante travesía.

“Aquí, sobre el tablero, las piezas están colocadas de otra manera. Hombres y mujeres se ubican en posiciones distintas de las que estamos habituados. Ellas tienen todas y cada una de las prerrogativas mientras que ellos carecen de la más mínima. Es una variante del juego, un guión diferente para el drama-comedia-tragedia de los sexos”. Con esta reflexión, Coler da comienzo al juego que supone embarcarse en las páginas de este libro para vivir, a través de su relato, la experiencia de conocer a los Mosuo y aprender de qué hablamos cuando hablamos de matriarcado.

Una cuestión de actitud

¿Qué es un matriarcado? ¿Es lo opuesto a un patriarcado? Coler responde que no exactamente. Es que, según explica, para definir a una comunidad como matriarcado es necesario que ésta se caracterice por la matrilinealidad (hace referencia a la transmisión del apellido) y la matrilocalidad (remite al lugar de residencia de los hijos), “pero para decir que una sociedad es matriarcal, para afirmar que es una comunidad con mujeres al mando, no basta con conocer las leyes que la rigen, ni las historias que sustentan sus tradiciones, ni la identidad de quien maneja la economía familiar. El matriarcado no es una cuestión de reglas que mejoran el lugar y el derecho de la mujer. El matriarcado es una simple cuestión de actitud; lo demás son referencias bibliográficas”.

Unas líneas más abajo, Coler arriesga un tanto más: “Cuando la sociedad es realmente una sociedad patriarcal se siente el peso de la jerarquía femenina en la vida cotidiana”.

La figura de la matriarca, jefa de familia, es imprescindible para que una comunidad sea considerada matriarcal. Pero también lo es la figura del jefe de aldea, que es siempre un hombre. “A cargo de las familias están las mujeres, a cargo de la economía están las mujeres, a cargo de la casa están las mujeres pero de la aldea es responsable un varón. No hay mucho para hacer, pero cuando se trata de decisiones que implican a toda la comunidad, ellas mismas nos prefieren”, explica el jefe de la aldea de los Mosuo.
Los Mosuo –hombres y mujeres- se sienten orgullosos de su forma de vida. Alatashi, un miembro de la comunidad, lo explica así: “Que las mujeres estén a cargo es parte de nuestra cultura, algo que nos diferencia. Lo mismo ocurre con nuestra manera axia de matrimonio, el matrimonio andante. Es un estilo que mantenemos desde que existen los Mosuo y debemos ser respetados por ello”.

Matrimonio andante

En los matriarcados el matrimonio no existe, o sí, pero distinto al que nosotros conocemos. “Axia”. Así es como se denomina lo que allí se conoce como matrimonio andante, una relación amorosa que se caracteriza por la no convivencia y el no compromiso. Cada uno vive en su casa, con su familia, o sea, las personas que llevan su propia sangre. Por la noche, el hombre visita a la mujer con la que haya acordado un encuentro. Al día siguiente, la mujer puede volver a elegirlo o bien puede optar por buscar nueva compañía.

No es casual que para las mujeres Mosuo encontrar el amor no sea algo tan significativo. Están acostumbradas a ser independientes, a no necesitar a los hombres para sentirse bien y para vivir una buena vida. Eso las hace fuertes. Y ellas lo saben.

“Los Mosuo no tienen la menor intención de hacer coincidir en la misma persona afecto, familia y hogar. La familia, para que perdure, nunca debe estar basada en una pareja. Entienden que eso vuelve al grupo altamente inestable”, explica Coler.

El reino de las mujeres. El último matriarcado” es un libro imprescindible para estos tiempos de cambios. Nos invita a reflexionar acerca de nuestro propio estilo de vida y nos brinda fundamentos para creer que, en este mundo globalizado, ser diferente sigue siendo posible.

Este es el primer libro del médico, fotógrafo y periodista Ricardo Coler, fundador y director de la revista cultural Lamujerdemivida. Sus textos y fotografías sobre sus experiencias con sociedades matriarcales, poliándricas y poligámicas han sido publicados en medios nacionales y extranjeros.


Publicado en Leedor el 14-03-2006

Fuente: http://www.leedor.com/notas/1668---el_reino_de_las_mujeres.html

 

Redalyc. Reseña de "El reino de las mujeres. El último matriarcado ...

Formato de archivo: PDF/Adobe Acrobat
de R Coler - 2007 - Citado por 4 - Artículos relacionados
El reino de las mujeres nos trae el regreso de Coler a la tierra de los Mosuo, pueblo formado por unos veinticinco mil habitantes afincados en Loshui, ...

El reino de las mujeres

foto de sinopsis
Los mosuo, una pequeña minoría del suroeste de China, presumen de unos hábitos sexuales insólitos. Es una de las pocas sociedades matriarcales que quedan en el mundo y por tradición prescinden de un contrato formal de matrimonio, basando sus relaciones en el amor libre y la satisfacción sexual. Pero, ¿podrán perdurar la libertad sexual y el poder de las mujeres mosuo mientras la sociedad china moderna se apodera lentamente de su territorio ancestral? Seguiremos a Bima, una joven mosuo, para conocer su realidad y los peligros que amenazan al modo de vida que heredó.



El último matriarcado


Ricardo Coler es autor de "El reino de las mujeres" editado por editorial Planeta.

* Los mosuos integran una comunidad que vive en Loshui, China. El autor de esta crónica acaba de publicar el libro El reino de las mujeres, en el que narra asombrosas costumbres de este pueblo.

En la sociedad mosuo se ve a las claras qué pasa cuando las mujeres mandan. Así de simple. Entender sus costumbres puso en jaque lo que hasta ese momento había sido para mí lo lógico, lo deseable, y el orden natural de las cosas.

¿Pensar que el hombre subyuga? No en esta aldea. ¿Que es propio de la condición de mujer querer casarse? Menos todavía. ¿Que el padre debe ser respetado? ¿Cuál padre? Esta vez regreso preparado para convivir con ellos, entrevistar a cuantos pueda y volver sobre lo que me conmovió la primera vez y no alcancé a indagar en detalle.

Los mosuos forman una comunidad de unos veinticinco mil habitantes que habitan el poblado de Loshui, a orillas del lago Lugu, en el sudoeste de China, cerca del Tíbet. Allí, ellas están claramente al mando. Algo así como el paraíso del movimiento feminista. Un ejemplo de cómo puede ser la realidad sin la supuesta supremacía del hombre y sin la opresión que esa supremacía puede ejercer.

Aquí, sobre el tablero, las piezas están colocadas de otra manera. Hombres y mujeres se ubican en posiciones distintas de aquellas a las que estamos habituados. Ellas tienen todas y cada una de las prerrogativas, mientras que ellos carecen de la más mínima. Es una variante de juego, un guión diferente para el drama-comedia-tragedia de los sexos.

Quiero ver cuáles son esas variantes. Quiero ver cómo se mueven, cómo se relacionan, qué es lo que pasa cuando la sociedad no está manejada por hombres y son hombres los principales beneficiarios. Aquí es impensable que una mujer esté condicionada por la educación machista. Aquí es imposible que un caballero abandone a una mujer dejándola sin recursos. En Loshui, el sexo nunca es débil.

Desde mi ventana veo una de esas habitaciones donde una joven cepilla su pelo frente a un espejo. El pelo es negro y el mango del cepillo es de plata. Se me ocurre que, mientras se peina, repite el gesto de su madre y el de la madre de su madre. Parecería que en secreta asociación con el »espejo, la mujer queda en paz mientras insiste en el heredado ritual de embellecerse. Sobre una de las sillas hay un tocado. La muchacha lo toma y acomoda las tres hileras de perlas que lo decoran. Lo levanta apenas, lo sostiene con ambas manos e inclina la cabeza para colocárselo. Los hilos negros del postizo le espesan todavía más el pelo negro. Recién entonces divide su cabello en tres partes y comienza a trenzarlo. Pero, antes de empezar, deja el cepillo sobre su falda y mira el lago por la ventana. Cierra los ojos y afloja los hombros. En pocos días más sabré su nombre, Lie Jien, y sabré que tiene veinte años y una expectativa. Se la ve tranquila, pero después, cuando decida que no volverá a mirarse en el espejo, comenzará a esperar. Entonces el tiempo ya no estará en sus manos. Sólo le quedará mirar las sombras por la ventana y preguntarse si su enamorado vendrá o no. Estará a merced de un hombre, aunque ese hombre no lo sepa.

Por eso vuelve a tomar el cepillo que dejó sobre su falda. Por eso se desprende del tocado y lo regresa a la silla. Está construyendo un retraso. Volver a arreglarse, demorar un poco más, demorar.

Sin maridos

Los mosuos denominan "familia" a los que tienen entre sí un lazo de sangre directo y conviven en la misma propiedad, la vivienda del clan. La figura principal es la matriarca. Con ella viven sus hijos, su madre y sus hermanos, tanto varones como mujeres. También forman parte del grupo los hijos de las hermanas y todos los nietos. No hay maridos. Los hombres sin lazo sanguíneo directo con la matriarca pertenecen a otra casa y duermen bajo otro techo. Esto implica total ausencia de padres y abuelos, a quienes se desconoce o, en el mejor de los casos, se considera de otra familia. Los varones que habitan en la propiedad son solamente hermanos, tíos e hijos. Es muy diferente de una familia occidental, pero se lo toman tan en serio y son tan conservadores que la idea oficial de que una familia es la formada por padre, madre e hijos se ve seriamente cuestionada.

–¿Cómo se dividen las tareas de la casa? –le pregunto a Ma La Tsu.

–Las mujeres tenemos a nuestro cargo toda la labor –responde la matriarca–. De esa manera se hacen mejor y más rápido.


Sospecho que no es sólo una cuestión de orden práctico. Cuando se acercan con alguna fuente y me sirven, cuando cuidan que mi copa esté llena, siento que me están atendiendo. Es una actitud diferente de las que mantienen en los lugares de trabajo, donde imparten órdenes. A la hora de comer, la mujer sirve al hombre. Y no es sólo conmigo porque soy un invitado; hacen lo mismo con el resto de los hombres de la casa. Ellas, jefas y propietarias, se reservan esta tarea para sí y nada hace sospechar que ese almuerzo se desarrolla en una comunidad matriarcal. Por lo menos como yo me había imaginado.

Poco a poco, Non Chi está tomando las riendas de la casa. Es la mayor de las hijas y su madre le está delegando el manejo de la finca. Mantiene una actitud de mando, mira muy fijo y cuando habla, levanta la voz. También lo hace conmigo. Cuando me dice algo lo hace de manera imperativa, a pesar de lo distendido de la situación, y sabiendo que nunca va a tener que darme una orden. Por lo menos es lo que yo espero, preocupado, porque sé que nunca y siempre son dos palabras inestables.

Cuando estoy cerca, Non Chi cambia de actitud, adopta una posición más erguida. Aunque no sea lo mismo, me recuerda a un hombre que saca pecho. Levanta el mentón, achica la mirada y se le escucha un tono de voz más seco. Intuyo que como soy un extranjero pretende cuidarse de dar buena imagen, porque sabe que lo que está ocurriendo en esa habitación será relatado, difundido y comentado.

Cuando está en actividad, entre tarea y tarea controla lo que hacen los demás. En la plantación, revisa la profundidad del surco y antes de volver a casa les deja a sus hermanos, que se ocupan de la siembra, instrucciones precisas. Después vuelve para organizar la comida del día. Distribuye la labor de la cocina, donde trabajan sus primas menores mientras sus primos se sientan en el patio central a esperar a que ella llegue. La palabra de Non Chi, aunque amable, no deja lugar a réplica.

Aquí no hace falta averiguar, cuando hablan de la abuela, a qué rama de la familia se están refiriendo, si a la del padre o a la de la madre. Abuela, como madre, hay sólo una: la madre de la madre. Aquí, este parentesco ha corrido mejor suerte que el representado por los abuelos, figuras rutilantes de la cultura china y sin embargo ausentes para la mosuo.

El anciano erudito, funcionario de una cultura milenaria, personaje que el cine ha estereotipado como alguien capaz de dar respuestas enigmáticas a preguntas sin sentido, prócer familiar, instructor de artes marciales, experto en una medicina indigerible para la ciencia occidental, versado en metáforas sobre la vida, maestro amado, lugar de la sabiduría, garantía del conocimiento y de la transmisión del conocimiento, punto de referencia, pilar insoslayable para la civilización, aquí no existe. Esta figura, tan familiar, se ha tomado una licencia entre los mosuos.

Sólo madres


Sin embargo, la ley funciona, las familias se mantienen, los jóvenes crecen, la cultura se desarrolla y el título de pilar insoslayable termina por quedarles a los patriarcas como una prenda demasiado grande que, por lo desmedida, puede incomodarlos y hasta hacerlos tropezar.

Uno de los aspectos que más me interesaban cuando preparaba las entrevistas era poder entender cómo funcionan las familias sin la presencia del padre y sin que la paternidad sea una función en la comunidad. El matriarcado entre los mosuos es considerado uno de los más puros porque la figura del padre es poco relevante, la mayor parte de las veces desconocida y siempre carente de rango social. Ni siquiera se preocupan por averiguar, cuando una mujer queda embarazada, quién es el verdadero padre de la criatura.

¿Qué es un padre? Alguien que tiene la posibilidad de reconocer a sus hijos, de mantenerlos y de amarlos. También es el que tiene derecho a ser querido y a establecer un orden en la familia. Es al que rápidamente se asocia la palabra respeto. Un padre tiene la posibilidad de infundir miedo, de aterrorizar, pero a su vez también puede brindar protección y reparo. Alguien a quien recurrir o alguien de quien es mejor alejarse. Un padre puede ser el modelo de quien sus hijas tomen algún rasgo para después enamorarse de ese rasgo en otro hombre. Se espera de él que actúe de sostén, aunque bien puede convertirse en alguien a quien sostener. A veces resulta una figura terrible, por lo irascible o lo violento, pero ese mismo padre, en forma inesperada, puede sorprender y rescatar a su hijo. Existe el padre que, manteniéndose al margen, como si nada lo afectara y nada necesitara, logra exasperar a quienes lo rodean. Están los que intentan revindicarse a través de sus hijos. Un padre puede ser el gran ausente y con eso dejar en claro lo importante de su presencia, pero, si se excede en estar allí, su figura puede resultar persecutoria y angustiante. La palabra de un padre, a cualquier edad, puede resultar irritante. El propio padre es un punto frecuente de comparación cuando nosotros nos convertimos en padres. Alguien que empuja para que de una buena vez empecemos, pero también alguien de quien es preferible evitar los empujones. Un padre mudo o un padre con frases que nos retumban en silencio por los años de los años. Un padre que ama a la madre, o uno incapaz de hacerlo. Un padre punto de apoyo, el límite que en el momento menos pensado nos ayuda a decir basta. Alguien que puede avergonzarnos o enorgullecernos hasta el punto de aplastarnos. También, aquel que puede ayudar a mantener saludable la relación de un hijo con su madre. Un padre puede ser muchas cosas diferentes, pero siempre es una figura capital, para imitar o para cuidarse de imitar. Una referencia.

Siempre no. Entre los mosuos no.

Este es un pueblo donde sólo es posible ser huérfano de madre.

Hanfei nunca fue su esposo y para ella hubiera sido impensable que lo fuera. Una matriarca jamás pretende un marido. Tsunami Ana ha tenido una buena vida y ahora pasa holgadamente los setenta. Hanfei, su enamorado, no tuvo la misma suerte, ni la templanza, ni las tierras cerca del lago, ni una familia numerosa con miembros jóvenes y bien dispuestos, ni la fortaleza que ella aún conserva.

Hacía bastante que no se visitaban con frecuencia, pero cuando Hanfei comenzó a toser y luego de toser a ahogarse, fue ella quien lo iba a buscar para saber de su estado de salud.

El hombre ya no puede mantenerse sobre la cama, duerme sentado y abrazado a dos almohadas. Aunque es de pecho amplio y piel rosada, respirar se ha convertido en un esfuerzo. La llegada del invierno sólo puede empeorarlo y la mujer que acostumbra referirse a los hombres como poco prácticos, a reírse y amenazar a sus hijos con el matrimonio, la que nunca los necesitó ni les pidió consejo, dinero o cuidado, esa misma mujer ha tomado la decisión de que el hombre con el que compartió sus encuentros nocturnos muera a su lado.

Lo cuidará hasta el último momento. Es mejor traerlo a casa, al menos para evitar salir a cada instante, atenta a lo que necesita o a si la necesita. La enfermedad la convirtió en dependiente de la carencia de él.

Termino de escuchar y vuelvo a sentir que tras esas figuras que dan órdenes, autoritarias y enérgicas –Tsunami Ana, Sanshie, Tsie u otras matriarcas que voy conociendo– no se oculta una mujer, sino que una mujer está allí sin ocultarse. Y me pregunto: ¿un hombre, en las mismas circunstancias y con ese temperamento, haría lo mismo?

El patriarcado no le es esencial al ser humano, y la experiencia mosuo marca que hay otras formas posibles y que ellas no significan el fin de la sociedad, la ausencia de ley o la de­sintegración de lo que en el interior de esa sociedad significa una familia. Por cierto, en el matriarcado, la institución familiar parecería más sólida y vital que la occidental. Es lo que impresiona, al comprobar que no les hacen falta discursos morales para sostenerla.

En el matriarcado, el desdén por la violencia y por la acumulación tonta de dinero hace parecer la vida más amable y llevadera. ¿Pudo la humanidad, en un pasado remoto, haber vivido mayoritariamente bajo sistemas con fuerte impronta femenina? Evidentemente que sí. ¿Puede ocurrir lo mismo en el futuro?

El sistema mosuo me resulta a veces hasta difícil de concebir. Las mujeres a cargo, la distribución de las responsabilidades en la familia, el manejo de la economía, el apellido de los hijos...

–¿En tu país es diferente? –pregunta una de ellas.

–Por supuesto –respondo–. Un hombre se casa con una mujer y procrean. Marido y esposa viven bajo un mismo techo, los hijos viven con sus padres y se considera que el hombre es el jefe de la familia.

Termino de decirlo y me siento ridículo.

Las relaciones furtivas son las habituales en la aldea. Una mujer de alrededor de treinta pudo haber superado los cincuenta "partenaires" y en algunos casos, si es atractiva, es probable que haya tenido relaciones con todo el grupo de su edad. Ese es el estilo predominante y con el que pueden sostenerse toda la vida. Sea lo que sea lo que los liga, lo hace por apenas unas horas.

A eso de las seis de la mañana es una verdadera experiencia pararse en la calle principal. Es una hora de movimiento. Los hombres abandonan apurados el lecho de sus amantes para regresar a donde en verdad pertenecen, la casa de sus madres.

Es posible entonces ver a los señores, como en una extendida comedia de enredos, saludar, ponerse el sombrero y salir presurosos para evitar llegar tarde. Deben levantarse temprano: la matriarca los está esperando para iniciar las actividades del día.

Los mosuos no tienen la menor intención de hacer coincidir en la misma persona afecto, familia y hogar. La familia, para que perdure, nunca debe estar basada en una pareja. El sistema de visitas, como modalidad de vida sexual, mantiene a los integrantes de una familia consanguínea unidos y a salvo de cohabitar con un extraño. Esa es una de las razones fundamentales por las que la figura del padre es desconocida. Al quedar embarazada, la mujer no puede definir a ciencia cierta con quién concibió. Si lo supiera, también podría abstenerse de contárselo a su hijo pues es tabú hacer referencia a lo sexual frente a familiares. La prohibición de cualquier mención de la sexualidad delante de un pariente, en especial del sexo opuesto, es una de las razones del sigilo. Un secreto por todos conocido, como son en general este tipo de secretos.

Texto y fotos: Ricardo Coler

Ricardo Coler es médico, fotógrafo y periodista. Sus notas, fotografías y ensayos sobre sus experiencias con sociedades matriarcales, poliándricas y poligámicas han sido publicadas en diversos medios. Fundó y dirige la revista La mujer de mi vida.


LA NACION | 09.10.2005 

lunes 4 de abril de 2011

"Pedí lo justo en un mundo de hombres"

ENTREVISTA: STEPHANIE ODLE Impulsora de la demanda contra WalMart

FONT: http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Pedi/justo/mundo/hombres/elpepisoc/20110404elpepisoc_4/Tes

DAVID ALANDETE | Washington 04/04/2011
imatge
El de Stephanie Odle ha sido un camino difícil, desde sus comienzos en una tienda de la cadena WalMart en Tejas, en 1991, a las escalinatas del Tribunal Supremo, en Washington, el pasado martes. En el camino, esta madre soltera de 39 años recuerda haber sufrido comentarios vergonzantes, situaciones denigrantes y humillaciones machistas, hasta ser despedida en 1999, cuando se le ofreció su puesto de trabajo a un hombre. Stephanie tenía entonces dos opciones. La vía fácil era resignarse y buscar otro trabajo mal pagado en otros grandes almacenes. La difícil, por la que optó finalmente, era plantar cara a WalMart. Comenzó sola, una David solitaria contra un Goliat que era el mayor empleador del país. Pero, tenaz, Stephanie no se dejó amedrentar, buscó a otras demandantes y convirtió la suya en la mayor querella colectiva del país, que representa a 1,5 millones de mujeres debajo de un pesado techo de cristal.

"¿Sabes cuántas como tú nos denuncian cada año?". Esa fue la reacción de uno de sus jefes en 1999, cuando le anunció que iba a llevar a la empresa a los tribunales. Stephanie era subjefa de marketing de los grandes almacenes mayoristas Sam's Club de Lubbok, en Tejas, propiedad de WalMart. Para poder comprar en Sam's Club, los clientes deben tener una tarjeta de socio. En 1999, la tienda presentó un nuevo tipo de tarjeta élite, más cara que la tarjeta normal. Stephanie hizo una demostración ante sus empleados sobre cómo ofrecérsela a los clientes y utilizó para ello la tarjeta de uno de los trabajadores, Keith Musick. Este se quejó a la gerencia de que se hubiera usado su cuenta como ejemplo. Aquella fue la única razón para despedirla. "Violación de la política de la empresa", le dijo su jefe, el gerente Duke Parrish.

"El problema es que ese día me enteré, gracias a una compañera que trabajaba en Arizona, de que el día antes de que yo cometiera esa supuesta violación de la política de la empresa, se había marchado del Sam's Club de Phoenix, en Arizona, un hombre, Wayne Backus, que les había anunciado a sus compañeros de trabajo que le habían ofrecido mi puesto en Tejas", recuerda Stephanie. "Sé que se me despidió por ser mujer, se me despidió porque no toleraba discriminación contra mí ni contra otras mujeres, porque pedí que se me considerara para el puesto de gerente en repetidas ocasiones, porque era una mujer que pidió lo que consideraba que era justo en un mundo controlado por hombres".

El martes, Stephanie llegó a las puertas del Tribunal Supremo, en Washington, con su hija Sidney, que ahora tiene 14 años, a las dos de la madrugada. "Quería que mi hija pudiera conseguir un asiento en el tribunal para que presenciara aquella audiencia. Cuando este caso empezó, ella tenía tres años. En gran parte decidí denunciar a WalMart para cambiar las cosas, para que ni mi hija ni su generación tengan que sufrir lo que las mujeres de mi generación hemos sufrido en el puesto de trabajo", explica Stephanie. Los nueve jueces del Supremo -entre los que, por vez primera, hay tres mujeres- deberán decidir antes de junio si la denuncia es viable.

En octubre de 1999, Stephanie presentó una queja por discriminación de género ante la Comisión de Igualdad de Oportunidades Laborales del Gobierno federal. Posteriormente, contactó con dos abogados de Nuevo México que tenían experiencia en casos como el suyo. Estos le aconsejaron convertir la querella en colectiva. Buscaron a otras afectadas y, junto con otras cinco empleadas de la empresa, denunció a WalMart en un juzgado federal de California, en junio de 2001. Ahora Stephanie representa a 1,5 millones de mujeres que trabajan o han trabajado para la compañía, un 0,5% de la población estadounidense.

Recordando su recorrido en WalMart, tras su puesto inicial de cajera a tiempo parcial en 1991, Stephanie encuentra numerosos casos de discriminación. En 1994, cuando pidió un discreto aumento de sueldo para dos subordinadas que cobraban menos que sus compañeros varones, su jefe le dijo que "las mujeres ya cobran suficiente".

En 1996, cuando fue transferida a una tienda de Riverside, en California, descubrió que un hombre que ocupaba un puesto idéntico al suyo cobraba 10.000 dólares (7.400 euros) más al año. "Es que él tiene una familia a la que mantener", le dijo su jefe. "Yo voy a tener una niña", respondió ella. El gerente le hizo presentarle un presupuesto de sus gastos personales mensuales y le concedió un aumento anual de 2.000 dólares. "Aún cobraba 8.000 dólares menos que mi compañero. Fue muy humillante", explica.

Tras ser despedida, Stephanie sufrió presión en otros puestos de trabajo por su denuncia. Cuando la veían en televisión, sus jefes la trataban con recelo, como si tuvieran enfrente una querella en ciernes. Permaneció estancada en puestos mal pagados, atascada en una callejuela sin salida laboral, hasta que, en 2005, montó su propio negocio de comida preparada en Oklahoma, donde reside. Es su propia jefa y no sufre discriminación, pero aún tiene un sueño: "Que las mujeres sean tratadas con respeto y dignidad en las empresas de Estados Unidos, para que mi hija no pase por lo que yo he pasado".

WalMart

- Es el primer minorista del mundo, con 2,1 millones de empleados y 8.968 tiendas.
- Ventas anuales: 285.000 millones de euros.
- Está presente en 15 países, entre ellos EE UU, Brasil, Canadá, India, Japón, México, Reino Unido y China.
- La familia Walton controla un 45% de la empresa, fundada en 1962. La firma ganó 9.800 millones de euros en 2009.